Eulogio Monreal Ávila
En el prefacio “Acerca de los Hombres” Bell Hooks refiere, “…comencé a pensar que las mujeres teníamos miedo de hablar abiertamente sobre los hombres, miedo de explorar profundamente nuestras conexiones con ellos, lo que hemos presenciado como hijas, hermanas, abuelas, madres, tías, amantes, objetos sexuales ocasionales, y que temíamos incluso reconocer nuestra ignorancia; cuánto desconocemos realmente acerca de los hombres”.
No debemos cerrar los ojos e intentar no aceptar una realidad invisibilizada y padecida de antaño. Es inaceptable la indiferencia.
La violencia contra las mujeres se produce por lo general en lo más íntimo de un hogar; en México, en 2006 los índices de violencia se registraban hasta un 67% de mujeres mayores de 15 años que habían sido víctimas de una forma de violencia, y pocas son las mujeres que se deciden denunciar por varias razones: por un lado el paternalismo arraigado que padecemos; por otro, los bajos estándares de confianza en la administración de justicia.
Pero, la razón de mayor peso es el escarnio a la que puedan ser objeto quienes emprendan alguna acción.
La discriminación es un fenómeno que la historia registra en cualquier época y lugar del ente terrenal; la doblemente discriminación contra la mujer, es una realidad -en muchos casos normalizada-, ello no justifica las formas de violencia aun existentes.
Para una tutela judicial efectiva de la mujer, señalada en el artículo 17 de la CPEUM, la Suprema Corte de Justicia de la Nación reconoce elementos para juzgar con perspectiva de género, tales como identificar si existen situaciones de poder por cuestiones género que den cuenta de un desequilibrio entre las partes de la controversia; cuestionar los hechos, valorar las pruebas y rechazar estereotipos o prejuicio de género, a fin de visualizar las situaciones de desventaja provocadas por condiciones de sexo o genero.
De no ser suficiente el material probatorio, para aclarar la situación de violencia, vulnerabilidad o discriminación de género, ordenar las que sean necesarias. Solo por mencionar algunos.
Luchemos por una cultura de reconciliación, en la que las relaciones se determinen por encuentros de reunión de hombres y mujeres para encontrar puntos en común, conjuntamente se debe encontrar la verdad al pensamiento mutuo.
A nada conduce la rabia, el odio, el desear el mal.
“Lo que nunca cambiará es el deseo de cambiar y el miedo al cambio”, Bell Hooks.
P.D. El Tribunal de Disciplina Judicial del Poder Judicial en la entidad juega un rol importante para que la justicia con perspectiva de género no quede solo en una buena intención.

















