La oposición ya no tiene pretexto

La espera terminó.

Morena ya tiene coordinadora en Zacatecas y, con ello, la oposición también debería dejar atrás la pausa y comenzar a mover sus propias piezas.

Verónica Díaz Robles fue designada coordinadora estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional y el nombramiento la coloca al frente de la ruta de Morena rumbo a 2027 y la perfila como una de las figuras centrales de la sucesión.

La definición, además, dejó una fotografía que la oposición debería mirar con atención: hubo reclamos de simpatizantes de José Narro y cuestionamientos a la cercanía de Díaz con la familia Monreal.

Morena, por tanto, tampoco salió de este proceso con una unidad automática.

La nueva coordinadora tendrá que cerrar filas dentro de su propio movimiento y recomponer relaciones con quienes quedaron inconformes.

Pero sería un error para la oposición pensar que las fracturas internas de Morena hacen su trabajo.

No lo hacen.

Durante semanas, PAN, PRI y PRD han hablado de construir una coalición rumbo a 2027. Incluso sus dirigencias han informado que mantienen reuniones para avanzar en un proyecto común.

El problema es que una cosa es anunciar una coalición y otra construirla.

Mientras los partidos opositores hablan de unidad, todavía falta conocer algo mucho más importante: qué proyecto quieren ofrecer y quién estaría dispuesto a encabezarlo.

No basta con sumar siglas. Tampoco alcanza con enumerar los errores del gobierno.

Una oposición que pretenda competir por la gubernatura tendrá que explicar qué haría distinto en seguridad, economía, campo, servicios públicos, migración y desarrollo.

Y tendrá que hacerlo sin depender únicamente del desgaste del adversario.

Ahí está una de las mayores interrogantes:
¿La oposición está construyendo una alternativa o solamente está esperando que Morena se equivoque?

Si su estrategia consiste en esperar una ruptura del oficialismo, corre el riesgo de llegar tarde.

Morena ya tiene coordinadora, ya tiene estructura y ya comenzó a ordenar su ruta política.

La oposición también debería estar ordenando la suya.

Movimiento Ciudadano y los nuevos partidos forman parte de esa ecuación. Tendrán que decidir si compiten solos, buscan acuerdos o intentan construir una alternativa propia.

Y esa definición tampoco puede prolongarse indefinidamente.

PAN, PRI y PRD tienen otro problema: convencer de que una alianza entre ellos no será solamente una suma de intereses electorales.

Si quieren pedir el voto de los ciudadanos, tendrán que demostrar que pueden ponerse de acuerdo antes de pedirle a la sociedad que confíe en ellos.

El tiempo para esconder las cartas se reduce.

Si existe un perfil capaz de encabezar una propuesta opositora, llegó el momento de ponerlo sobre la mesa, medirlo, confrontarlo con la realidad y observar si puede generar consenso más allá de las estructuras partidistas.

No se trata de destapar por destapar. Se trata de dejar de administrar los tiempos y comenzar a tomar decisiones.

La definición de Morena elimina una de las últimas coartadas de la oposición.

Ya no hay designación pendiente que esperar ni tablero incompleto que justifique la inmovilidad.

Ahora las decisiones están del otro lado.

Y ahí, entre los partidos que llevan meses hablando de acuerdos, todavía falta saber quién está dispuesto a ceder, quién quiere encabezar y quién entiende que una alianza no puede construirse alrededor de una candidatura.

El tablero ya está puesto. Lo que sigue es ver quién se atreve a sentarse a jugar.

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