El Verde que se quedó sin bancada

Tanya Ortiz

Lo ocurrido el domingo en el Congreso de Zacatecas dejó algo más que una reforma electoral aprobada.

Dejó expuesta una fractura política que ahora tendrá consecuencias dentro y fuera del recinto legislativo.

Tres diputados del Partido Verde Ecologista de México —Lyndiana Bugarín, Fernanda Miranda y José Luis González— votaron a favor de la reforma para modificar el reparto de diputaciones plurinominales, pese a la postura que el partido había fijado en contra.

La respuesta de la dirigencia nacional fue inmediata: desconocerlos como integrantes del partido y retirarles su representación política y parlamentaria.

Aquí viene el detalle jurídico que no es menor.

La Ley Orgánica del Poder Legislativo establece que los grupos parlamentarios se integran con dos o más diputados del mismo partido y que sólo puede existir uno por cada fuerza política con representación.

También señala que quienes dejan un grupo parlamentario y no se incorporan a otro quedan como diputados sin partido y sin representación en la Junta de Coordinación Política.

Conservan sus prerrogativas individuales, sí, pero dejan de representar formalmente a una bancada.

Así que no: los tres legisladores no pierden su curul, pero el Partido Verde sí pierde, por ahora, su representación parlamentaria como grupo.

Y aquí aparece el problema político.

¿Hasta dónde llega la autonomía de un diputado y dónde empieza la responsabilidad de representar a un partido que lo postuló?

Votar distinto no debería ser pecado en un Congreso. La libertad parlamentaria es indispensable.

Pero tampoco puede ignorarse que una candidatura partidista se construye sobre principios, plataformas, acuerdos y una identidad política.

Si la dirigencia nacional había fijado una posición y los tres legisladores decidieron caminar en sentido contrario, tenían derecho a hacerlo.

Y también el partido tenía derecho a responder políticamente.

Lo que queda es una escena incómoda: tres diputados conservan el cargo, pero perdieron la bancada que les daba identidad política.

Y el Verde se quedó sin representación propia en una Legislatura donde tenía tres votos.

Una ruptura así no se resuelve con comunicados.

Deja preguntas sobre disciplina, congruencia, autonomía y, sobre todo, sobre qué significa realmente representar a un partido cuando llega la hora de votar decisiones que pueden cambiar las reglas del juego electoral.

Y sí: al Verde le dieron la espalda.

Pero el costo político de esa espalda ya tiene destinatarios en ambos sentidos.

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