La seguridad de un estado no se construye de un día para otro y mcho menos después de haber tocado fondo.
Hay que recordar que en 2021, Zacatecas enfrentaba una de sus etapas más oscuras: mil 741 homicidios dolosos registrados en un año.
Hoy, la realidad es distinta; la reducción acumulada alcanza niveles históricos y, en lo que va de 2026, el estado mantiene una tendencia que permite al gobernador David Monreal plantearse una meta que hace algunos años parecía imposible: cerrar el año con menos de cien homicidios dolosos.
Pero la paz no puede medirse solamente en una estadística.
También se construye con instituciones capaces de responder cuando llega una emergencia. Con inteligencia. Con tecnología. Con policías mejor preparados y mejor equipados.
Esta semana, Zacatecas inauguró el auditorio de su nuevo C5i y puso en marcha el Primer Congreso Internacional de Seguridad Pública, con especialistas de México, Estados Unidos, Argentina y Colombia compartiendo experiencias sobre crimen organizado, operaciones especiales, manejo de crisis y negociación de rehenes.
Días antes, 187 elementos de México y otros cuatro países participaron en un torneo internacional de tiro en el nuevo campo del Instituto de Formación Profesional.
Eso no fue un espectáculo. Fue entrenamiento, disciplina y cooperación.
A eso se suman infraestructura, patrullas, tecnología, capacitación, inteligencia, mejores condiciones laborales y una inversión superior a mil 200 millones de pesos en cinco años para fortalecer la seguridad.
La lección es sencilla: una estrategia de paz no se sostiene solamente con más policías en las calles.
Se sostiene preparando mejor a quienes las recorren.
Peeerooo, Zacatecas todavía tiene retos. La seguridad no admite triunfalismos ni permite bajar la guardia, y tampoco sería justo ignorar una transformación que hoy es observada y reconocida desde el ámbito federal.
La paz, cuando se quiere conservar, también se planea, se equipa, se capacita y se trabaja todos los días.
Por eso sigue la prueba para Zacatecas, tiene que demostrar que reducir la violencia fue apenas el principio; ahora toca hacer de esa reducción una condición permanente para vivir, visitar y crecer en el estado.

















