8 DE MARZO ¿AÚN NADA QUÉ CELEBRAR?

Tanya Ortiz

En México, el 8 de marzo ha dejado de ser una fecha de felicitaciones vacías para convertirse en un campo de batalla simbólico y político.

A pesar de los avances en representación política —con la primera mujer en la presidencia y una legislatura paritaria—, la realidad cotidiana para millones de mexicanas sigue marcada por una violencia estructural que no cede.

Resulta contradictorio que, en el momento de mayor poder político femenino en la historia del país, las cifras de violencia sigan siendo críticas:

Al inicio de 2026, ya hay 54 feminicidios en apenas dos meses. La presencia de mujeres en las altas esferas del poder, como en el Gobierno de México, no se ha traducido automáticamente en una justicia expedita ni en la erradicación del miedo en el espacio público.

Además , la brecha económica persiste como una de las deudas más profundas:

*Desigualdad salarial: Las mujeres ganan, en promedio, un 20% menos que los hombres, brecha que se dispara hasta el 35% en ciertos sectores.
*Carga de cuidados: El sistema económico sigue descansando sobre el trabajo no remunerado de las mujeres. El 63% de las mujeres inactivas laboralmente citan las tareas domésticas y de cuidados como su principal barrera.
*Precarización: Aunque la inclusión ha crecido, la calidad del empleo femenino sigue estancada en la informalidad.
*El 8M en México se define hoy por la protesta vibrante y el reclamo de justicia. Las demandas actuales han evolucionado de lo general a lo urgente:
*Justicia para desaparecidas: Los colectivos de madres buscadoras denuncian una “deuda histórica” y la falta de presupuesto efectivo para las fiscalías.
*Libertad de expresión: Se han reportado más de 330 agresiones contra mujeres periodistas en el último periodo, reflejando que el riesgo se extiende a quienes dan voz a la denuncia.

Conmemorar este día bajo el lema de la ONU para 2026, “Derechos, justicia, acción”, obliga a mirar más allá de las leyes aprobadas, como la reciente reforma para decidir el orden de los apellidos.

Mientras el presupuesto para políticas de género siga siendo incierto y la impunidad en feminicidios supere el 90%, el 8 de marzo en México no podrá ser una celebración, sino un recordatorio de que la igualdad sustantiva sigue siendo una promesa pendiente.

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