Descubre quién dio forma a La Guadalupana en México
CIUDAD DE MÉXICO. – Cada 12 de diciembre, miles de fieles reunidos en la Basílica de Guadalupe entonan con
CIUDAD DE MÉXICO. – Cada 12 de diciembre, miles de fieles reunidos en la Basílica de Guadalupe entonan con fervor La Guadalupana, la canción que ha llegado a simbolizar la devoción a la Virgen del Tepeyac, y cuya versión más escuchada fue compuesta por figuras fundamentales de la llamada Época de Oro del cine mexicano: el músico Manuel Esperón y el letrista Ernesto Cortázar. Esta melodía que acompaña las tradicionales Mañanitas marianas ha unido generaciones de creyentes en una tradición que se celebra desde hace décadas en la capital del país y más allá.
La historia de La Guadalupana tiene raíces más profundas de lo que muchos imaginan. Aunque hoy suena como un canto popular cotidiano en los festejos guadalupanos, su forma definitiva surgió en la década de mil novecientos cincuenta cuando Esperón y Cortázar le dieron una estructura melódica y lírica reconocible. Ambos, ya con una trayectoria consolidada en la música mexicana, buscaron crear una composición sencilla y fácil de recordar que pudiera alternar con los himnos más solemnes que se escuchaban en las iglesias.
Manuel Esperón, además de su labor como compositor, fue un pilar en la música de cintas clásicas del cine nacional. Su obra ha sido interpretada por intérpretes emblemáticos y abarca temas que se han convertido en parte del repertorio popular mexicano. Por su parte, Ernesto Cortázar, además de colaborar con Esperón en esta pieza, fue fundador de la Sociedad de Autores y Compositores de México y dejó una marca indeleble en el medio artístico por su trabajo como arreglista y guionista.
La letra de La Guadalupana describe con emotividad la aparición de la Virgen a Juan Diego en el cerro del Tepeyac, conectando directamente con la fe popular y con una imagen de la Virgen que, según la tradición católica, se manifestó a mediados del siglo XVI. La melodía, aunque sencilla, ha sido interpretada por numerosas voces a lo largo de los años y se ha vuelto indispensable en las celebraciones religiosas de todo el país.
Pese a que hoy se reconoce mayoritariamente la autoría de Esperón y Cortázar, existen documentos antiguos y boletines guadalupanos que mencionan una posible versión previa de La Guadalupana atribuida al sacerdote jesuita Saturnino Junquera en el siglo XIX, lo que sugiere que la canción pudo tener antecedentes devocionales antes de su adaptación formal. Esta coexistencia de variantes y la falta de registros escritos extendidos provocaron que durante mucho tiempo se considerara anónima.
Con la llegada de la televisión en los años setenta, la canción encontró un nuevo impulso. La transmisión de serenatas desde la Basílica convirtió a este canto en un fenómeno nacional televisado que congrega a millones de espectadores cada año la noche del once y durante el día doce de diciembre, reforzando así su presencia en la cultura popular.
Artistas contemporáneos han seguido esta tradición interpretando la pieza en vivo ante multitudes. La Guadalupana no solo es un canto religioso, sino también un lazo sonoro que une a mexicanos y feligreses que celebran con música y devoción a la Virgen morena, cuyo impacto trasciende generaciones.
Foto: cortesía


















