Perdidos en la modernidad

Eulogio Monreal

Eulogio Monreal Ávila

Generar deshechos. No es un problema técnico.

Sin duda, en los espacios donde se construye dialogo existe armonía, entendimiento, identidad, respeto, solidaridad y aceptación; sobre todo, se construye comunidad.

Son las formas más efectivas para la humanidad, para que resuelva su existencia de manera conveniente; dichas formas o estilos de vida permiten que sus integrantes se mantengan informados, mínimamente conscientes de una realidad de la que son parte.

Imposible analizar nuestro contexto en cualquiera de sus expresiones (social, económica, política); cualquiera de ellas ha sido intervenida por la modernidad; en otras palabras, la globalización a través de las transnacionales y otros entes sobre productores que llegaron
para determinar las formas de vida e interactuar de los habitantes del ente terrenal.

Existe una amplia literatura al respecto.

Por ejemplo, Zygmunt Bauman desarrolla su
perspectiva, refiriéndose a la modernidad como lo inimaginable que nos pueda pasar como
sociedad.

Idealiza una ciudad a la que denominara Leonia, donde “Los habitantes creen vivir siempre en la Aglaura que crece siempre en el nombre de la Aglaura y no ven la Aglaura que crece en la tierra”.

En otra fuente consultada se define Aglaura como obra de Italo Calvino;
Aglaura se refiere a “Las ciudades Invisibles”, una ciudad ficticia que es
invisible.

En un diálogo como muchos, seguramente ha sucedido con fabricantes de algún producto
“útil” para la humanidad; se le preguntaba a un director de una empresa fabricante de
automóviles, quien orgullosamente difundía en alguna ocasión, el potencial de la
transnacional de origen japones (NISSAN): “nuestra empresa actualmente produce un coche cada 36 segundos en las 24 horas de los 365 días de un año”, decía: que tan solo los días 25
de diciembre y 31 de diciembre se descansaba aunque no paraba la línea de producción.

En otro diálogo que nos comparte Bauman, se le preguntaba al director de Ford “como se deshacían de todos los coches fuera de uso”, arguyendo ser un mero problema técnico.

El autor Zygmunt de la obra “Vidas desperdiciadas”, nos invita a desmantelar la idea de quienes se dedican a fabricar de manera desenfrenada, sin importar el daño que ocasionan a la humanidad, sobre todo al ente terrenal; el autor nos incita a ser conscientes de los vertederos en nuestras ciudades, no en el ideal de Italo Calvino, sino en una ciudad real.

Alguna vez nos hemos preguntado cuánta basura generamos; pero aún más inquietante, a dónde se traslada o qué fin tiene lo que desechamos.

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