La seguridad y la paz no se logran por decreto

ALBERTO CHIU

Los más recientes resultados exhibidos por la autoridad gubernamental, tanto desde la Presidencia de la República como desde el gobierno estatal, nos hablan de buenas cifras, reducción de homicidios, golpes concretos a la delincuencia organizada, desmantelamiento de laboratorios, localización y rescate de personas privadas de su libertad… etcétera.
Sin embargo, siempre vamos a encontrar un hecho inesperado, un imponderable, que pareciera echar abajo cualquier discurso positivo por más sustentado que esté en buenas estadísticas.
El ataque con explosivos a la comandancia de policía de Ojocaliente, ocurrido este domingo en plenas festividades patronales, y que dejó al menos 6 personas lesionadas, entre las que se cuentan menores de edad y una elemento de policía municipal, nos da tan sólo una muestra de esos imponderables.
Las cifras ahora contempladas están compuestas, además de los heridos, de 11 vehículos particulares, dos patrullas y varios inmuebles severamente dañados por la explosión.
Pues ¿no habíamos llegado ya al estatus de paz y seguridad, tal como lo anunció el gobernador? Sí, las cifras no mienten, pero… la realidad siempre supera a las estadísticas, y ese estatus no se logra por decreto ni tiene vigencia eterna. Se trata, en todo caso, de un estatus que se pelea todos los días, que se persigue en la actuación permanente de los cuerpos de seguridad, y que se logra alcanzar por momentos apenas.
Sería ingenuo tratar de pensar siquiera que, con el mero anuncio público de la disminución de homicidios, por ejemplo, éstos ya nunca volverían a aparecer; la verdad de nuestro México actual es que, por si no nos habíamos dado cuenta, las fuerzas de la delincuencia siempre estarán tratando de ponerse por encima de las fuerzas del orden.
Aun cuando las autoridades tengan logros, y el estado de situación se logre mantener bajo control y seguridad durante un tiempo, no debiéramos pensar que siempre será así. Justo por lo que acabo de señalar arriba: los delincuentes siempre estarán tratando de desestabilizar nuestra vida, nuestras instituciones.
Y entonces… ¿qué hacer ante semejantes ataques como el de anoche en Ojocaliente? Básicamente, dos cosas:
Primero, confiar. Confiar en que la autoridad está trabajando (si no, no habría estadísticas buenas), y darle nuestro respaldo y apoyo para que siga luchando contra la delincuencia.
Y segundo, hacer lo que nos corresponde: educar a nuestros hijos, formarlos en valores, alejarlos de las conductas que llevan al delito, y además de todo, denunciar. Tener el valor ciudadano de denunciar la comisión de delitos, para poner nosotros también nuestro granito de arena.

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