¿CUÁNTO DE LA FIESTA SE QUEDA EN ZACATECAS?

Tanya Ortiz

Ayer se presentó el programa de la Feria Nacional de Zacatecas.

Habrá artistas, espectáculos, visitantes y, detrás de todo ello, una inversión importante.

Pero una feria no debería medirse únicamente por el tamaño de su cartelera.

También tendría que medirse por lo que deja.

¿Cuánto de ese dinero termina en los comercios zacatecanos? ¿Cuánto llega a hoteles, restaurantes, transportistas, artesanos, vendedores y pequeños negocios?

¿Cuánto permanece en las manos de quienes viven aquí y cuánto sale de la entidad apenas termina el espectáculo?

La llegada de empresas y comerciantes foráneos forma parte de una economía abierta. No tendría sentido cerrarles las puertas.

Lo que sí merece atención es que la derrama de una feria financiada y promovida desde Zacatecas tenga una estrategia clara para fortalecer a quienes producen, venden y trabajan aquí.

La Fenaza puede ser un escaparate económico extraordinario. También puede ser una oportunidad para que los empresarios locales hagan alianzas, consigan nuevos clientes y encuentren espacios para crecer.

Pero eso no ocurre por inercia. Requiere reglas, promoción, espacios adecuados y una política que privilegie la participación local sin convertirla en una consigna.

Y la reflexión alcanza a todo el estado.

Ahora mismo se desarrolla la Feria Nacional de Fresnillo. Después vendrán las fiestas de otros municipios, como ya han ocurrido en lo que va del año.

Cada una representa una oportunidad económica y, al mismo tiempo, una tarjeta de presentación.

La seguridad cuenta. La limpieza cuenta. La organización cuenta. La calidad de los servicios también.

También cuenta la experiencia de quien llega y descubre que detrás de la fiesta existe una comunidad capaz de recibirlo, atenderlo y ofrecerle productos y servicios.

Lo que se ve durante una feria también se dice de Zacatecas.

Un incidente puede convertirse en noticia. Una buena experiencia puede convertirse en recomendación. Un comerciante satisfecho puede convertirse en proveedor. Un visitante puede regresar.

Las fiestas de Zacatecas tienen música, tradición y espectáculo. También tienen una responsabilidad económica.

Que la derrama no pase de largo. Que la inversión genere oportunidades reales.

Que los visitantes se lleven buenos recuerdos, pero que quienes hacen posible la fiesta puedan quedarse con algo más que el cansancio.

Al final, una feria dura unos días y la economía que sea capaz de activar debería durar mucho más.

También habría que mirar el después.

Una feria puede generar ocupación hotelera, ventas extraordinarias y miles de transacciones durante unas semanas, pero el beneficio pierde fuerza si no deja relaciones comerciales que continúen cuando se desmontan los escenarios.

La feria puede ser el inicio de una temporada, no solamente un paréntesis de consumo.

Ahí tienen una tarea las autoridades municipales y estatales, pero también las cámaras empresariales y los propios comerciantes.

Hace falta conocer quiénes participan, cuánto venden, qué sectores crecen, qué servicios tienen mayor demanda y qué negocios logran conservar nuevos clientes después de la fiesta.

Sin datos, la derrama económica corre el riesgo de convertirse en una cifra atractiva que nadie puede explicar con precisión.

Y hay otro elemento que merece atención: cada feria puede ayudar a descentralizar la actividad económica.

Fresnillo, Jerez, Guadalupe, Río Grande, Jalpa y los demás municipios tienen celebraciones capaces de atraer visitantes y mover dinero.

Si cada una se planea como un producto turístico y comercial propio, Zacatecas puede dejar de concentrar toda la conversación en una sola feria y convertir su calendario festivo en una red de oportunidades para todo el estado.

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