Este jueves comienza una etapa distinta del quinto informe de gobierno de David Monreal Ávila.
Rodrigo Reyes Mugüerza, secretario General de Gobierno, acudirá ante el pleno de la Legislatura para iniciar una ronda de comparecencias que durante las próximas dos semanas llevará a distintos funcionarios estatales al Congreso.
La glosa tiene una función precisa: revisar, cuestionar y contrastar lo que el Ejecutivo reporta con la realidad que vive el estado.
El informe presenta cifras, programas, obras, avances y resultados de las 37 dependencias que integran la administración estatal. La glosa debería ir más allá de esa narrativa.
Ahí está la responsabilidad de los diputados: preguntar por los números que no cuadran, exigir explicaciones sobre los pendientes, confrontar metas con resultados y pedir cuentas sobre los recursos públicos utilizados.
Una comparecencia de una hora… o cuatro horas… puede convertirse en una exposición burocrática o en un verdadero ejercicio de rendición de cuentas.
El formato permite preguntas de los legisladores y respuestas de los funcionarios; el contenido de esas preguntas definirá buena parte de la utilidad política y pública del ejercicio.
Bueno ¿Y qué le deja todo esto a la gente?
Le debería dejar información para saber qué hizo realmente el gobierno durante el último año, cuánto costó, qué compromisos se cumplieron, cuáles siguen pendientes y qué resultados pueden medirse más allá de los discursos oficiales.
La glosa también obliga a los funcionarios a salir del comunicado y colocarse frente a las preguntas de los representantes populares.
Ahí deben aparecer los datos, las explicaciones y también las responsabilidades.
El Congreso no está para escuchar una repetición del informe. Está para revisarlo.
Y los diputados tampoco deberían conformarse con preguntas cómodas, respuestas generales o cifras sin contexto.
El quinto informe ya fue presentado. Ahora toca abrirlo, desmenuzarlo y ponerlo frente a la realidad de Zacatecas.
La diferencia entre una glosa de trámite y una verdadera rendición de cuentas estará en lo que los diputados sean capaces de preguntar y, sobre todo, en lo que los funcionarios estén dispuestos a responder.
















