Los aspirantes de Morena a la Coordinación Estatal de los Comités de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional ya encontraron una palabra común: UNIDAD.
La repiten en reuniones, fotografías, mensajes públicos y encuentros políticos.
Todos parecen dispuestos a cerrar filas, a reconocer el resultado y a caminar juntos; con esta postura, el discurso es impecable.
Peeero, la realidad política es un poco más inquieta.
La definición no llega y la espera empieza a pesar.
En Zacatecas, cada aspirante, José Narro, Verónica Díaz, Geovanna Bañuelos, Ulises Mejía y Carlos Puente, sabe que el nombramiento no depende únicamente de sus recorridos, sus adhesiones o de cuántas fotografías pueda acumular.
La decisión está en la dirigencia nacional y, por ahora, Morena mantiene abiertas las definiciones en una docena de entidades.
Su propia convocatoria establece diciembre como fecha límite.
Mientras tanto, todos hacen política. Nadie quiere quedar fuera de la fotografía de la unidad, pero tampoco quiere dejar de moverse.
Es una competencia peculiar: hay que demostrar fuerza sin parecer desesperado, construir acuerdos sin conceder demasiado y hablar de unidad sin renunciar a la aspiración personal.
La espera tiene, además, un calendario político.
Claudia Sheinbaum mantiene durante septiembre su gira de informes regionales por los estados, con cierre previsto el 30 de septiembre en Morelos.
Después de esa fecha, Morena tendrá menos pretextos para mantener congeladas las definiciones y deberá enfrentar el siguiente capítulo: ponerle nombre y apellido a quienes encabezarán su estructura electoral rumbo a 2027.
Y ahí se verá cuánto dura la unidad que hoy todos proclaman.
Una cosa es cerrar filas alrededor de una decisión ya tomada y otra muy distinta aceptar una decisión que dejó fuera la propia aspiración.
La política suele medir la unidad no en los discursos previos, sino en la reacción de quienes pierden.


















