Hoy, Claudia Sheinbaum Pardo enviará al Congreso, un documento que la Constitución exige y que la política ha convertido en un ritual de legitimación.
Hay que reconocer algo incómodo para sus críticos: los números de seguridad, con todo y sus zonas de sombra, son los más favorables en los años recientes de nuestro país.
La pregunta obligada es: ¿Cómo recuperar la confianza social que pide a gritos la ciudadanía a sus gobernantes?
Hay una palabra que no aparecerá en el discurso, ni repetirá durante su gira por el país en el mes de septiembre: PACIFICAR.
Devolverle a un país entero la posibilidad de caminar por su calle, mandar a los hijos a la escuela, cerrar un negocio de noche, sin que el miedo sea la primera decisión del día.
Ese verbo, y no la cifra que lo acompaña, es el que debería medir el segundo año de gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum.
Y por ese verbo, hasta ahora, México sigue reprobado. La aritmética oficial mejora. La confianza social, que es la verdadera moneda de un país en paz, no se ha movido en la misma dirección.
La pregunta, entonces, no es si el gobierno puede seguir bajando el homicidio a punta de operativos y detenciones.
La pregunta es si está dispuesto a pacificar de verdad, y para eso el mundo ya dejó un manual entero de aciertos y errores que México podría estudiar antes de improvisar uno más.
Ese es el reto que debería ocupar el 2º. informe de gobierno, más que cualquier cifra, convertir la reducción de homicidios en pacificación real, la que se mide no en el pizarrón del Gabinete de Seguridad, sino en la confianza con la que una familia decide salir de día y de noche.
Necesitamos blindar a los jóvenes, sí, ir a las causas, devolverle al ciudadano la certeza de que denunciar produce resultados y no represalias.
La pacificación no es un decreto federal; es una obra de ingeniería social sostenida, calle por calle, colonia por colonia, durante muchos años.
Se necesita pacificar con inteligencia y con continuidad, hasta que la confianza, no la estadística, vuelva a ser el indicador que de verdad importe.
Se necesita desmontar el miedo en la ciudadanía.
El verdadero informe que México espera es que pacificar no es un logro que se declare en un discurso de una hora; el verdadero logro es recuperar la costumbre perdida de paz, de un país, una colonia, un municipio, un
estado.
Mientras no llegue, cualquier cifra que se lea en el informe, seguirá siendo para millones de mexicanos, una estadística que no logra tener tranquilo a nadie.

















