La coordinación entre órdenes de gobierno no debería depender del color partidista de quien ocupa el despacho.
Es una condición básica para que los recursos públicos tengan mayor alcance, los programas sean más eficientes y las soluciones lleguen a más personas.
El Gobierno Federal diseña programas que requieren coordinación con los estados. Los gobiernos estatales, a su vez, necesitan de los municipios para aterrizar muchas de esas políticas.
Esa lógica existe por una razón sencilla: los problemas de la gente no vienen con filiación partidista.
En Zacatecas, sin embargo, hay una realidad que merece atención.
Existen programas y proyectos que avanzan desde el Gobierno estatal sin convenios con algunos ayuntamientos, particularmente Fresnillo y la capital.
La propia administración estatal reconoce que ambos requieren atención especial por su población y peso dentro de la entidad, pero esa prioridad no siempre se traduce en una colaboración institucional con sus gobiernos municipales.
Las diferencias políticas son evidentes: en la capital gobierna el PAN y en Fresnillo el PRI, ambos con apoyo de alianza, mientras el Gobierno estatal pertenece a Morena.
Pero la elección terminó hace tiempo y los partidos compiten en las urnas; las instituciones tienen que trabajar todos los días.
Puede haber desacuerdos, diferencias de visión e incluso confrontaciones políticas.
Lo que resulta difícil de justificar es que esas diferencias terminen convirtiéndose en obstáculos para coordinar esfuerzos.
Si un gobierno puede hacer una obra, un programa social o una acción de seguridad por su cuenta, está cumpliendo una parte de su responsabilidad.
Pero si el Estado y el municipio pueden sumar presupuesto, personal, infraestructura, información y capacidad operativa, el beneficio potencial aumenta.
No se trata de que un gobierno le conceda una victoria política al otro. Se trata de que una acción pública tenga mejores resultados.
Fresnillo y Zacatecas concentran una parte importante de la población y de las necesidades de la entidad.
Merecen que sus gobiernos encuentren mecanismos de colaboración, aunque sus siglas sean distintas.
El ciudadano no recibe servicios públicos en colores partidistas.
Necesita agua, seguridad, calles, transporte, espacios públicos, atención social y oportunidades.
Cada administración puede seguir haciendo cosas buenas por separado, pero si esas capacidades se juntaran, probablemente podríamos hablar de algo mucho más importante: gobiernos que entienden que la política termina donde comienza el bienestar colectivo.


















