Eulogio Monreal
La presencia femenina en los espacios de toma de decisión de la vida pública de nuestro país ha sido históricamente muy limitada.
Su avance no es casualidad, sino el resultado de una lucha constante que exige no solo equidad en el acceso al poder o espacios públicos con tomas de decisión.
Para nadie es ajeno que, a partir del nuevo régimen iniciado a partir del 2018, se siga una transformación profunda de la vida política, social y cultural en lo largo y ancho del país.
Por cierto, en esa lucha constante solo se registra el sector femenino.
Todavía existen indicios fuertes de resistencia en una no librada lucha contra el machismo, incluso, con poca presencia de la sororidad entre el género.
No son pocas las experiencias en que son las propias mujeres confrontadas para un mismo espacio.
En el año de 1953 se reconoció constitucionalmente el derecho al voto de las mujeres a nivel federal, tras un primer paso en 1947 limitado al ámbito municipal.
Sería hasta el 3 de julio de 1955 cuando las mexicanas acudieron por primera vez a las urnas en comicios federales.
Para entonces las brechas de desigualdad se consideraban abismales, ya que existe una gran diferencia en los conceptos de votar y ser votada.
Años más tarde, se registra una mínima intención que regula un mínimo de cuotas para la mujer: va desde las recomendaciones del 70/30 hasta la obligatoriedad del 60/40 en 2008, un proceso que rindió frutos con la reforma constitucional de 2014, la cual vinculaba de manera obligatoria y exclusiva a los partidos políticos para garantizar la paridad 50/50 en la postulación de las candidaturas a las legislaturas federal y locales.
Por supuesto dichos avances no se atribuyen a quienes entonces venían gobernando, sino producto de la presión social, que reconocía al sector femenino una alternativa en la cosa pública, en el quehacer del sector público.
Hoy existen todas las condiciones para que la entidad sea gobernada por una mujer; en este río revuelto, no se haga extraño que los propios varones que disputan la sucesión, ante una lejana posibilidad real de competir, propicien una confrontación entre el mismo género (mujer) o, por decir lo menos, ante una inminente participación, distorsionen realidades para desacreditar a la más aventajada en las preferencias hasta el momento.
“Es tiempo de mujeres”: Claudia Sheinbaum Pardo


















