El estado vive uno de los periodos de mayor actividad económica y social del año.
Las vacaciones de verano, el Festival del Folclor Internacional, los eventos culturales, deportivos y familiares mantienen en movimiento a miles de personas y generan ingresos para comerciantes, prestadores de servicios y cientos de familias que dependen de esta temporada.
Después del multihomicidio ocurrido el pasado 18 de julio, los zacatecanos otra vez padecimos el miedo, aquel que durante años nos paralizó y metió en un letargo que afectó el desarrollo social, económico, deportivo… El de todos los sectores, y pareciera que el miedo nos acechó nuevamente, amenazando con paralizarnos otra vez.
Sería un error minimizar lo sucedido en Fresnillo, pero también permitir que el miedo frene todo lo que con esfuerzo se ha venido construyendo.
Ambas posturas conducen al mismo destino: perder la capacidad de actuar con inteligencia.
A las autoridades les corresponde mantener la estrategia de seguridad, reforzar la presencia en las calles, fortalecer la proximidad con la ciudadanía y responder con resultados.
La confianza no se decreta; se construye todos los días, con trabajo, coordinación y firmeza frente a quienes pretenden romper la paz.
A la sociedad también le corresponde hacer su parte.
Participar, denunciar, recuperar los espacios públicos, acompañar a nuestros hijos y asumir que la prevención empieza en casa.
Recordemos que entre los cinco detenidos por este doloroso multihomicidio se encuentran, al menos, dos adolescentes de 15 años.
Ese dato no solo habla de un problema de seguridad; refleja una fractura social que exige atención desde la familia, la escuela y la comunidad.
La paz no depende únicamente de patrullas y operativos.
También nace en los hogares, en la educación, en los valores y en la capacidad colectiva de impedir que más jóvenes encuentren en la violencia un camino.
Zacatecas ha trabajado durante meses para recuperar su actividad turística, fortalecer su economía y devolver a las familias la confianza de salir a disfrutar sus plazas, sus festivales y sus tradiciones. Ese esfuerzo merece continuar.
Que la autoridad se ocupe de lo que más preocupa a la sociedad.
Que la sociedad no renuncie a la responsabilidad que le corresponde.
Solo así será posible defender lo que tanto trabajo ha costado recuperar y demostrar que la violencia no tiene la última palabra.

















