EL EXAMEN PERMANENTE DEL ESTADO: LA SEGURIDAD

Editorial Alkimia

Hay acontecimientos que sacuden a un estado entero. No solo por el dolor que provocan, sino porque ponen a prueba la confianza de la sociedad en sus instituciones.

Los hechos ocurridos recientemente en Zacatecas merecen una condena absoluta.

Detrás de cada cifra hay vidas, familias, proyectos y comunidades que enfrentan una pérdida irreparable.

Ningún indicador estadístico puede minimizar esa realidad ni ningún discurso institucional debe intentar hacerlo.

Pero, tampoco sería responsable construir una narrativa que ignore el contexto y los avances alcanzados en los últimos años.

Las dos posturas, extremas, son igual de equivocadas.

La primera consiste en afirmar que un hecho de alto impacto significa automáticamente el fracaso total de la estrategia de seguridad.

La segunda pretende reducir la gravedad del acontecimiento argumentando que los indicadores generales continúan siendo favorables.

Ninguna de las dos ayuda a Zacatecas.

La seguridad pública no puede analizarse desde la emoción del momento, sino desde la evidencia, la inteligencia y la capacidad de respuesta institucional.

En los últimos años, Zacatecas ha sido señalado en diversas ocasiones por la reducción de delitos de alto impacto y por una mejora en sus indicadores relacionados con la seguridad, ese reconocimiento no debe ignorarse, porque detrás de esos resultados, existe mucho trabajo coordinado entre elementos de seguridad, fuerzas federales, instituciones de procuración de justicia, servidores públicos, que durante meses han enfrentado uno de los retos más complejos del país.

Pero, también, sería un error pensar que esos avances significan que el problema ha desaparecido.

La seguridad y sus estrategias nunca se detienen, es un proceso permanente.

La fortaleza de una estrategia de seguridad no consiste en garantizar que jamás volverá a presentarse un acto de violencia, ningún sistema serio en el mundo puede prometer algo así, su verdadera fortaleza se mide en la rapidez de reacción, en la coordinación, en la calidad de la investigación, en la capacidad para llevar a los responsables ante la justicia, y, sobre todo, en impedir que un hecho extraordinario vuelva a convertirse en una nueva normalidad.

La respuesta institucional debe ser doble: acción contundente en materia de investigación y procuración de justicia, y, algo muy importante; comunicación responsable, transparente y oportuna hacia la ciudadanía, no ocultar información, pero, tampoco exagerarla.

Los grandes desafíos no se resuelven con discursos, pero tampoco con narrativas derrotistas; ambas distorsionan la realidad.

Zacatecas necesita instituciones fuertes, análisis serios y una sociedad capaz de reconocer los avances, sin, dejar de exigir mejores resultados.

Una estrategia desafortunadamente no se evalúa por la ausencia absoluta de hechos violentos; se evalúa por la capacidad del Estado para responder con eficacia y evitar que la violencia vuelva a convertirse en una forma de gobierno del miedo.

Este examen no termina nunca.

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