El juego desde la psicología y la diplomacia

Tanya Ortiz

El futbol tiene una capacidad extraordinaria para mover emociones: Une, divide, entusiasma y, en ocasiones, también modifica la manera en que un país mira a otro.

La recomendación emitida por el Gobierno del Reino Unido para que sus ciudadanos eviten viajar a México durante el partido de octavos de final entre ambas selecciones abrió una discusión que va mucho más allá de la cancha.

El argumento oficial apunta a los problemas de inseguridad que enfrenta nuestro país, pero la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum fue inmediata: México no vive una situación que justifique una alerta de esa naturaleza.

Las dos posturas tienen elementos para discutirse.

Negar que México enfrenta desafíos en materia de seguridad sería tan equivocado como afirmar que todo el territorio nacional es un sitio al que resulta imposible viajar.

La realidad, como casi siempre, es mucho más compleja que los extremos.

También conviene reconocer otro hecho: la euforia, por el histórico triunfo de la Selección Mexicana sobre Ecuador, desbordó cualquier pronóstico.

Miles de personas salieron a celebrar y, lamentablemente, la fiesta terminó con decenas de lesionados y cuatro personas fallecidas en la Ciudad de México.

Es un antecedente que cualquier gobierno extranjero observa con atención antes de emitir recomendaciones de viaje.

Las alertas consulares forman parte de las obligaciones de los Estados. Informan riesgos. Previenen escenarios. No siempre significan una condena absoluta contra el país al que se refieren.

Ahora bien, tampoco podemos ignorar el ingrediente que hace del futbol un fenómeno único.

Los partidos importantes también se juegan desde la psicología, la narrativa y hasta la diplomacia.

Cada declaración pesa. Cada mensaje alimenta la conversación.

Así que, entre informes oficiales, estadísticas y conferencias de prensa, hay espacio para el buen humor.

¿Quién sabe?

A lo mejor en Londres sí están preocupados…

No por el vuelo ni por el hospedaje.

Ni siquiera por la seguridad.

Tal vez el verdadero riesgo que alcanzaron a calcular, es salir del Estadio Azteca con un gol en contra y millones de mexicanos cantando: “¡Sí se pudo!”

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