Amalia García Medina
Senadora de la República
Hace unos días, en el Senado de la República se realizó una sesión solemne y un seminario de alto nivel para conmemorar los 75 años de la fundación de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Ahí participé junto al rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Leonardo Lomelí Vanegas; el secretario ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs; legisladoras, legisladores, académicos e integrantes de organismos internacionales, quienes reflexionaron sobre los desafíos que enfrenta la región en un contexto global marcado por la incertidumbre y las profundas transformaciones económicas, políticas y tecnológicas.
Aprovechando la generosidad de Tanya Ortiz y Alberto Chiu, que me brindan un espacio aquí en Alkimia Diario, quiero compartirte mi intervención en el seminario.
Fundamentalmente en el ámbito político, podría decir con Neruda en su autobiografía: Confieso que he vivido; es decir, es toda una vida, un siglo de trabajo, de actividad y de participación.
Me siento, de verdad, como si —y seguramente todas y todos aquí en el Senado nos sentimos igual— estuviéramos asistiendo a un gran banquete. Porque es un gran banquete: un gran banquete de ideas, de pensamiento, de reflexión y de aportaciones, en un momento en el que lo necesitamos tanto, porque vivimos una etapa de gran incertidumbre.
Decía un gran político y filósofo italiano, que todas y todos conocemos, y que, en la izquierda, de donde yo vengo, leíamos con asiduidad: Antonio Gramsci, relatando lo que sucedía durante la Segunda Guerra Mundial, afirmaba: “Lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer”. Y podemos retomar esta frase nuevamente.
Porque estamos en una etapa de fin de un momento de transformación, de acuerdos y de construcción de instituciones en la humanidad. Y hoy lo que vivimos no es, como se ha dicho y se ha reflexionado, una transición; estamos viviendo una ruptura, una auténtica ruptura.
Y es por eso que esta reflexión resulta tan importante. Yo, que estoy, sobre todo —igual que la mayor parte de mis compañeras y compañeros en el Congreso de la Unión— en la parte del vínculo y de la alianza con la academia, con la reflexión y con instituciones como la CEPAL, considero que estamos tan urgidos de hacer un alto en el camino y repensar en qué momento está la humanidad, en qué momento está México, América Latina y el Caribe, y hacia dónde debemos ir.
Requerimos, efectivamente, una reflexión profunda, porque necesitamos, como se ha dicho aquí, trabajar para construir un nuevo orden mundial a partir de nuestra propia región y de nuestra propia realidad.
Hace muy poco, apenas unas semanas o algunos meses, este debate en la arena mundial ha estado presente. Y yo quiero hacer mención de algunas de las reflexiones que realizó el primer ministro canadiense cuando hablaba de lo que se está viviendo y señalaba la importancia de que, ante esta destrucción del viejo orden mundial, se construyera uno nuevo, pero a partir de una reflexión que no colocara únicamente en el centro las decisiones de las grandes potencias.
Además, vivimos una modalidad en la que los poderosos utilizan la economía para la coerción y los aranceles como amenaza. ¿Qué hacer y qué construir en este momento?
Decía el primer ministro Mark Carney que las potencias medias —y en este caso sería pertinente decirlo para América Latina, el Caribe y Centroamérica— tienen que diseñar una alternativa. Porque él expresaba una frase que hoy traigo a esta reflexión:
“Si no estás en la mesa, estás en el menú”.
Bueno, eso es justamente lo que no queremos. Queremos estar en la mesa. Queremos tomar decisiones sobre nuestro presente y sobre nuestro futuro. Me parece que eso es sustancial.
Y por eso estas reflexiones resultan tan importantes.
Cuando el rector de la UNAM —quien además nos honra con su presencia— señalaba, como decía Malú Mícher, que es la primera vez que tengamos memoria de que un rector de la UNAM participe aquí, en este espacio del Senado de la República, sin duda nos honra enormemente.
Él afirmaba que la aportación de la CEPAL no ha sido solamente teoría económica; ha sido también una teoría sobre la política del desarrollo. Y creo que es justamente eso. Porque junto a la reflexión económica se ha abierto también una forma de tomar decisiones a lo largo de un periodo histórico muy importante.
Requerimos entonces poner en el centro cómo actuar. Se ha dicho, y me parece fundamental, que necesitamos actualizar nuestro pensamiento. Aquí ha habido una aportación formidable, sin traicionar principios y ejerciendo la autocrítica. La pregunta es: ¿Cómo avanzar hacia adelante?
No me extenderé demasiado, porque lo que hoy procede es que hagamos una lectura profunda, una reflexión constante y seminarios, como decía Rolando. Tenemos que sentarnos a releer y repensar lo que aquí ha sido presentado.
Pero me parece que una de las aportaciones más importantes, cuando se ha hablado de Ifigenia Martínez, es haber colocado la desigualdad como uno de los aspectos torales para explicar la situación de América Latina.
Ella decía:
“La desigualdad en México no es un accidente, sino el resultado de estructuras productivas heterogéneas que concentran beneficios en unos sectores y marginan a otros”. Fue una reflexión y una aportación formidable.
Yo diría, haciendo eco de lo que hoy señaló Malú Mícher en la inauguración de este seminario de alto nivel, que la desigualdad debe incorporar a distintos actores en el análisis.
La CEPAL ha aportado, en los últimos tiempos, una reflexión sobre cómo la desigualdad afecta específicamente a las mujeres. Y no podríamos hablar de una economía fortalecida cuando, en el caso de las mujeres en México, el 55% se encuentra en la informalidad.
La pregunta sustancial, que tiene que ver con una visión de la estructura económica en el mundo, en nuestra región y en nuestro país, es: ¿por qué las mujeres están mayoritariamente en la informalidad? ¿Qué explica esta situación?
¿Por qué más del 70% de las mujeres que tienen un trabajo asalariado renuncian al mismo?
La respuesta es clara: para cuidar.
Porque sobre los hombros de las mujeres se ha sostenido la vida a lo largo de la historia. Y sin transformar esa condición no podemos hablar de una economía que disminuya la desigualdad.
Tiene que ser un asunto central. No es solamente un asunto de mujeres; es un asunto de desarrollo con igualdad y con inclusión. Pero yo diría lo mismo para las juventudes. Porque hoy las y los jóvenes, ante el avance de las tecnologías, enfrentan el riesgo creciente de la informalidad laboral.
Los instrumentos tradicionales de defensa de las condiciones de vida de las personas trabajadoras, como los sindicatos, prácticamente están desapareciendo.
¿Dónde están los sindicatos?
Lo que tienen frente a sí las mujeres que abandonan un empleo formal y las juventudes que se insertan en trabajos precarios es la falta de condiciones para sostener una vida con dignidad.
El trabajo digno es una de las claves fundamentales. Por eso poner en el centro la condición de las mujeres resulta sustancial.
Además, como se ha reiterado por parte de la Organización Internacional del Trabajo en múltiples ocasiones, la mejor política social es el empleo. El empleo digno es lo que sostiene a nuestra sociedad, junto con la salud y la educación.
Requerimos entonces poner en el centro una visión de cambio que coloque a las personas en el centro de las decisiones.
El rector de la UNAM, en una intervención realmente espléndida, señalaba también la necesidad de construir mejores condiciones para nuestro crecimiento en el mundo. Porque el mercado internacional, como también se ha dicho aquí, no es un espacio neutro; es un espacio marcado por intereses.
Por ello requerimos una visión de conjunto, análisis y aportación intelectual que nos permitan conducir nuestra marcha y nuestro camino hacia el futuro, para insertarnos en la economía global no de manera subordinada, sino con capacidad de decisión.
Quiero agradecer, de manera muy sincera y enfática, a la oficina de la CEPAL en México, porque hizo posible esta reflexión con personalidades extraordinarias; porque permitió que estuviera presente el rector de la UNAM, que participaran nuestros intelectuales y quienes realizan aportaciones fundamentales al pensamiento y al desarrollo.


















