NI VÍCTIMAS NI CULPABLES: LO QUE REALMENTE SE QUEMÓ EN ZACATECAS

Editorial Alkimia

Hay momentos que invitan a señalar. Y hay momentos, mucho más difíciles, que obligan a entender.
El incendio en instalaciones de Segalmex en Zacatecas, no necesita culpables inmediatos. Necesita algo más escaso: razonamiento.
Porque cuando un hecho así ocurre, la tentación es simple: dividir. Buscar quién provocó, quién permitió, quién falló. Pero esa lógica, aunque cómoda, es incompleta.
Nos hemos acostumbrado a explicar la realidad en extremos, a pensar en blanco y negro, buenos contra malos, víctimas contra responsables, gobierno contra sociedad. Pero la vida pública y conflictos sociales no funcionan así. Éste es el ejemplo perfecto.
Aquí no hay una sola causa, hay una acumulación. Decisiones que no se tomaron, mensajes que no se entendieron, inconformidades que no encontraron cauce, y cuando todo eso se junta, no hay culpable único, hay todo un sistema que dejó de conectar. Nadie gana cuando las cosas escalan.
Esta situación deja una enseñanza: los problemas no se resuelven cuando explotan, se resuelven cuando se entienden.
Podemos seguir buscando culpables o podemos construir soluciones, podemos dividirnos o podemos entendernos.
Aquí no hay verdugos ni víctimas, hay algo más preocupante: una sociedad que dejó de escucharse a tiempo y esa, más que cualquier incendio, es la verdadera alarma.
Zacatecas no necesita más ruido, necesita altura, necesita voces que sumen, no que incendien más. Para quienes hoy convierten la crítica en espectáculo y el análisis en oportunismo, hacer leña del árbol caído no demuestra inteligencia, demuestra ausencia de responsabilidad.
Criticar sin contexto es fácil, lo difícil y lo valioso es estar a la altura del momento, porque cuando todo arde, los que realmente importan no son los que señalan, son los que ayudan a apagar el fuego.

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