IRÁN. – En un primer pronunciamiento desde que asumió la máxima autoridad de la República Islámica, el ayatollah Mojtaba Jamenei urgió este jueves 12 de marzo de 2026 a las fuerzas armadas iraníes a mantener el estratégico estrecho de Ormuz completamente cerrado, una acción que ha tensado aún más la guerra prolongada en el Medio Oriente y alterado los mercados energéticos globales. Jamenei también instó a los países del Golfo Pérsico a expulsar o cerrar las bases militares de Estados Unidos como respuesta a las ofensivas que su Gobierno atribuye a Washington y Tel Aviv.
El discurso, difundido a través de la televisión estatal y el primero desde su nombramiento como líder supremo tras el asesinato de su padre, marcó un escalón significativo en el conflicto regional. Aunque Jamenei no ha aparecido en público desde que fue elegido el domingo, su mensaje dejó claro que Irán pretende usar la posición estratégica del estrecho como herramienta de presión diplomática y militar.
En su intervención, Jamenei afirmó: “Recomiendo que cierren esas bases lo antes posible. Deben haberse dado ya cuenta de que la afirmación de que Estados Unidos garantiza la seguridad y la paz no es más que una mentira”, subrayando la ruptura con las potencias occidentales y la intención de Teherán de consolidar su influencia en la región pese a las crecientes tensiones bélicas.
La importancia del estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo— convierte su cierre en un hecho de enorme impacto económico y geopolítico. Analistas internacionales señalan que cualquier interrupción prolongada de la navegación podría desencadenar alzas significativas en los precios de la energía y desatar nuevas fricciones diplomáticas entre naciones consumidoras y productoras.
Jamenei también se refirió a la ofensiva israelí y estadunidense que, según Irán, desencadenó este conflicto y causó la muerte de su predecesor. “Por el momento se ha concretado una pequeña parte de esa venganza, pero mientras no se complete, esto será una de nuestras prioridades”, dijo, prometiendo continuar acciones que su régimen considera de justicia para las víctimas de los ataques enemigos.
Aunque Teherán ha colocado minas navales en el estrecho y sus fuerzas han advertido a los buques que no crucen sin autorización, varias flotas internacionales se han visto disuadidas de transitar la ruta habitual por los riesgos de confrontación directa. Los gobiernos occidentales han expresado su alarma por el impacto que esto tiene sobre el suministro energético y la seguridad marítima en la región.
La respuesta de Estados Unidos y sus aliados ha sido cauta hasta ahora. Washington ha afirmado no estar listo para escoltar petroleros a través del estrecho, pero ha condenado firmemente cualquier acción que ponga en peligro el libre tránsito internacional. Naciones Unidas también ha exigido un cese del fuego, aunque sin éxito evidente en la tregua de las hostilidades.
La reconfiguración de la situación en esta arteria marítima se da en medio de un conflicto que ya ha elevado los precios del crudo por encima de los cien dólares por barril, provocando inquietud en los mercados globales y entre los países dependientes de importaciones energéticas. Observadores internacionales advierten que la prolongación del cierre o su escalada puede tener repercusiones económicas y políticas profundas en los próximos meses.
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