Si bien la discusión en el Congreso de La Unión para aprobar la reforma laboral se centró en la reducción de la jornada y la posibilidad de que hubiera dos días de descanso a la semana, hoy que finalmente esta reforma ya es una realidad -y no contempla el descanso doble- solo basta que sea publicada en el Diario Oficial de la Federación.
Pero los empresarios establecidos ven con preocupación cómo garantizarán los resultados de sus proyectos económicos en menos tiempo de operatividad en sus empresas.
Pese a que el cambio en el horario de la jornada laboral no es inmediato y todavía le faltan cuatro años para que dicho cambio sea concreto de las 48 a las 40 horas semanales, los empresarios ya están preocupados y no atinan a determinar con exactitud cómo le harán para seguir produciendo y/o vendiendo la misma cantidad. A estas alturas y después de todo el proceso legislativo, apenas están alzando la voz, cuando debieron hacerlo en un parlamento abierto y poner a consideración los resultados que se obtendrían con esta reforma, que como la Ley Federal del Trabajo en sí, resulta garantista para los trabajadores, mientras que para los empresarios y comerciantes establecidos, resulta lesiva a sus intereses.
Si a eso le sumamos que justo por ser los negocios establecidos con formalidad, cubriendo los permisos e impuestos correspondientes, deben reportarse ante las autoridades locales y federales para llevar todo en orden, es a quienes más se le hinca el diente y así, el panorama de crecimiento no se ve muy halagüeño.
Desde las cámaras empresariales y de comercio buscan establecer estrategias que les permitan transitar el periodo de adaptación sin registrar graves pérdidas o poca producción, pero tampoco sin quedarse de brazos cruzados a la espera de que una autoridad les ofrezca alternativas de solución; por ello, de entrada, proponen el establecimiento de una ventanilla única en la que puedan hacer los trámites necesarios para iniciar continuar o expandir sus negocios, y así a ellos no les represente peregrinar de una dependencia a otra y pagar conceptos aquí y allá, porque a lo que los orilla es a cerrar sus empresas y mejor aventurarse en la informalidad.
Lo malo dicen desde la Cámara Nacional de Comercio, que es en los municipios donde más se fomenta la informalidad y, paradójicamente, es donde más se ven beneficiados cuando una empresa está establecida con formalidad.
Ojalá desde las áreas de desarrollo económico de los Municipios busquen y ofrezcan alternativas a los empresarios locales para que transiten la adaptación a las nuevas condiciones laborales sin mayores pérdidas, porque así garantizarán la generación de fuentes de empleo formales, con salarios dignos, y mejores condiciones, no solamente para los trabajadores, sino para las empresas y la población en general porque así puede haber circulante.
Finalmente, para que esta reforma le dé resultados a México, se requiere el compromiso de todos: empresarios que se mantengan activos, autoridades que brinden las facilidades y trabajadores que no pierdan el tiempo, así, a todos nos va a ir mejor.

















