Inició el 2026 y la relación bilateral entre México y Estados Unidos ya atraviesa uno de sus momentos más críticos tras la reiterada intención del presidente Donald Trump de desplegar fuerzas militares en territorio mexicano para combatir a los cárteles de la droga.
El mandatario estadounidense ha sostenido que los cárteles “gobiernan México” y ha manifestado que se sentiría “orgulloso” de atacar directamente laboratorios de droga en suelo extranjero para “salvar millones de vidas”.
Formalizó esta postura al designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras, una medida manifestada el año pasado, en la que otorga a EEUU facultades legales para realizar operaciones encubiertas e inteligencia avanzada.
Reportes recientes indican que la administración Trump ha evaluado planes para enviar tropas y agentes de inteligencia con el fin de atacar objetivos específicos, una acción que marcaría un quiebre histórico con la política tradicional de cooperación.
Ante estos amargues, la presidenta Claudia Sheinbaum ha mantenido una postura firme de rechazo ante cualquier intento de injerencia.
La soberanía sin subordinación, es su principal argumento y México ha ratificado su disposición a colaborar en seguridad, pero ha descartado tajantemente una intervención militar al subrayar que la soberanía nacional está “blindada”.
En tanto, el gobierno mexicano ha instado a la ONU y a la OEA a mediar para desescalar las tensiones, especialmente tras las recientes operaciones militares de EE. UU. en otros países de la región como Venezuela, un tema que sigue causando escozor en la comunidad internacional.
Sin embargo, hace unos días, el Senado de la República suspendió discusiones que podrían facilitar el ingreso de militares estadounidenses, lo que refleja el clima de tensión internacional y todavía anoche no se daba a conocer la postura del Poder Legislativo.
Aunque Trump ha expresado que México “necesita ayuda” contra los cárteles, su retórica de “actuar con o sin permiso” ha generado un repudio generalizado en diversos sectores políticos mexicanos y críticas incluso dentro de Estados Unidos, donde sus políticas antimigratorias están generando movilizaciones sociales masivas.
La posibilidad de que Washington actúe de forma unilateral en los próximos días, según dejó entrever ayer Donald Trump si no se alcanza un acuerdo satisfactorio para sus intereses, mantiene en vilo la estabilidad de la relación bilateral.


















