ENCUESTAS: EL NEGOCIO DE VENDER VERDADES A LA CARTA

Editorial Alkimia

En política, las encuestas se convirtieron en el equivalente a los comerciales de detergentes: todos prometen “blanco, más blanco que el blanco”, y todos creen que el consumidor es tan ingenuo como para comprarlo.

Hoy, el ciudadano ya no es el mismo de hace 20 años. Está cansado, está informado y, por si fuera poco, está harto de que intenten manipularlo con números que cambian más rápido que un spot de campaña.

Las encuestas dejaron de medir la realidad y empezaron a medir el deseo. El deseo del candidato, del partido, del patrocinador o del operador electoral que quiere ganar percepción, aunque pierda votos.

Y así, lo que antes era una herramienta seria, hoy es un producto más en el menú de propaganda política: “¿Quiere una encuesta que lo ponga arriba por 10 puntos? Con gusto.

¿O prefiere una que le construya la narrativa de “remontada histórica”? también la tenemos.

La estadística fue reemplazada por la estética; que se vea creíble, que suene científica, que parezca seria. La verdad es secundaria.

El ciudadano actual desconfía, cuestiona, se burla y con razón. Sabe perfectamente que muchas encuestas se operan, se maquillan, se ajustan y se venden como si fuera ciencia pura, cuando en realidad son marketing.

El ciudadano quiere verdad, no números acomodados.

Hoy el gran error es creer que basta con preguntar “¿Por quién va a votar?” y entregar un PDF con graficas de colores.

Eso ya no genera conversación, no marca agenda y, mucho menos, despierta credibilidad. El ciudadano quiere una encuesta que lo refleje, que hable su idioma, quiere autenticidad.

Una encuesta creativa no es la que innova en diseño, es la que innova en valentía.

Diez elementos para construir una encuesta que si despierte el interés:

1-Preguntas incómodas. La verdad existe en lo que incomoda.
2-Lenguaje de la calle. Si la pregunta suena a Power Point, la gente deja de leer y de creer.
3-Medición emocional. Hoy se mide el enojo, el miedo, la esperanza. Si no mides las emociones, no estás midiendo tu estado o país.
4-Formatos multimedia. Las emociones reaccionan a imágenes.
5-Problemas personales, no abstractos. La gente no piensa en inflación, piensa en si le alcanza para la comida, como está la seguridad en su colonia, calle, estado, país.
6-Exponer contradicciones. La encuesta debe mostrar al ciudadano frente al espejo. Ahí surge la reflexión real.
7-Escenarios ficcionados, pero posibles. La ficción revela la respuesta oculta: “Si el gobierno sube impuestos…usted que haría?
8-El ciudadano como protagonista. “Si usted fuera gobernador por 24 horas, ¿Qué cambiaría?
9-Resultados contados con creatividad. La presentación también tiene que generar conversación.
10-Brutal honestidad. La credibilidad se recupera diciendo lo que nadie dice. La transparencia hoy es más disruptiva que cualquier diseño.

Una encuesta disruptiva no busca complacer al cliente. Busca despertar al ciudadano.

Sirve para medir el humor social, para encender la conversación. Si una encuesta no molesta a nadie, no sirve para nada.

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