BLOQUEOS: EL COSTO SOCIAL QUE NADIE ESTÁ MIDIENDO

Editorial Alkimia

Zacatecas: protestar no significa paralizar a todos. ¿Hay derecho de manifestarse? Sí. ¿De generar caos?: NO.

En Zacatecas ya casi es costumbre despertar con la noticia de un bloqueo nuevo.

Un día son transportistas, otro agricultores, otro maestros, otro estudiantes, pasado mañana alguna orga-nización que ni el propio gobierno tiene ubicada en su mapa de interlocución.

Cada semana un nuevo actor, cada semana el mismo guion: marchas, bloqueos, “manifestaciones pacíficas” que, paradójicamente, terminan provo-cando el caos perfecto en nuestra zona metropolitana.

El resultado es conocido: familias atoradas, empresas pierden productividad, estudiantes caminando kilómetros para llegar a clases, productores que no pueden mover su mercancía, ciudadanos que no tiene vela en el entierro, pero sí pagan el costo.

La pregunta es simple: ¿Quién protesta por los que no están protestando?

En Zacatecas hemos normalizado que cualquier grupo, por legítima que sea su demanda, se crea con autoridad moral para paralizar a toda la sociedad. Y eso, no es un derecho, es un abuso.

EL CAOS NO ES UNA ESTRATEGIA; EL DESGOBIERNO TAMPOCO.

Un estado que no puede garantizar movilidad básica, no es un estado fuerte. El bloqueo como primer o último recurso es una señal inequívoca de que el diálogo, si es lo que lo hubo, fracasó. Gobierno y organizaciones que generan este caos tiene que verse al espejo.

El gobierno porque ha permitido que la calle sustituya a la mesa, y las organizaciones han convertido la protesta en rutina y la negociación en amenaza permanente. No se trata de tener músculo callejero, sino argumental.

Zacatecas necesita orden, no ruido; acuerdos, diálogo, no chantajes.

El derecho a manifestarse no cancela el derecho de los demás a trabajar, estudiar y vivir en paz.

Zacatecas debe impulsar un nuevo modelo:

  • Mesas permanentes de diálogo, no reactivas.
  • Rutas de manifestación planeadas que no colapsen la ciudad.
    •Protocolos de negociación trans-parentes.

Porque cuando la ciudadanía deja de ser rehén y se convierte en aliada, el Estado funciona mejor y las organizaciones ganan legitimidad. Los dos deben entender que una causa justa y “la razón” pierden fuerza, cuando lastima a quien no tiene la culpa.

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