El acto de acoso que sufrió la presidenta Claudia Sheinbaum desató, como nunca antes, la indignación generalizada. El pueblo mexicano levantó la voz para repudiar lo sucedido y, además de exigir justicia, puso en duda la seguridad de la mandataria quien, en aras de mantener la proximidad con la gente, quedó expuesta, vulnerable.
Este acto provocó que se visibilizara lo que, tristemente, han sufrido miles -millones- de mujeres en algún momento de su vida y en cualquier espacio, tanto público como privado; el hostigamiento, el acoso, la violencia sexual, y que, pese a que hay normatividad al respecto, tristemente también para muchas, es solo tinta en papel y la justicia está muy lejos de serlo.
Resultó indignante ver los videos en las redes sociales que daban cuenta el acercamiento de un hombre ebrio, a la presidenta Claudia Sheinbum, y que no solo la besó, sino que también la tocó, más allá del clásico abrazo o la pose para la foto del recuerdo, que es a lo que está acostumbrada.
Ese hombre invadió más allá de su espacio personal y el tocamiento se convirtió en abuso sexual, tipificado así por las leyes penales. ¿Y la seguridad del Estado? ¿Dónde están los cuerpos de élite que suele acompañar a altos funcionarios y diplomáticos para su protección?
Recordemos que el expresidente Andrés Manuel López Obrador desapareció el personal del llamado Estado Mayor Presidencial por considerarlo innecesario, ya que él se conducía con sencillez, modestia, humildad y “la gente lo quería mucho”, así que era la misma gente la que lo protegía.
No obstante, aunque cambió de nombre y la presencia de este cuerpo policiaco de élite se obliga más discreta, su ausencia resultó evidente cuando nadie bloqueó al acosador ni le impidió acercarse a ella, ante las condiciones de ebriedad que presentaba. Un acompañante de la presidenta fue el que, al final, se interpuso y lo retiró un poco, aunque no fue suficiente para que encima, le gritara “Claudia de América”.
Si bien es cierto la indignación fue generalizada, las mujeres fueron las que dieron rienda suelta a su malestar. Esas mujeres con las que ahora la presidenta comparte tan lamentable incidente que ninguna debería tener en sus recuerdos, acompañados de frustración e impotencia.
Así con el caso de Fátima Bosch, concursante de Miss Universo, violentada verbalmente por un organizador de una actividad de belleza y que causó que tanto como ella como otras concursantes, en solidaridad mejor se salieran del evento; o con Grecia Quiroz, la esposa de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, a quien no solo Gobierno Federal respaldó, sino que el pueblo le dió la confianza para tomar el cargo ante el deceso de su esposo, fallecido en un acto de violencia.
Legisladoras de todos los partidos, funcionarias, empresarias, deportistas, mujeres de todos los sectores reprobaron el hecho y clavaron las banderillas sobre el Estado Mexicano al expresar “si eso le pasó a la presidenta ¿qué nos podemos esperar nosotras?”
Es la primera vez que la sororidad se hace presente con tal fuerza, sin importar filias ni fobias. Es la primera vez que la sororidad se ve en su máximo esplendor… ojalá así fuera con todas, por todas, para todas.


















