“PARÍS A TUS PIES, CHAMAQUITO”

Editorial Alkimia

La frase es una auténtica joya del surrealismo político mexicano.

Ni Luis Buñuel habría imaginado una escena tan representativa de nuestras contradicciones nacionales.

Un empresario contratista del INE, una habitación de lujo en París, el hijo de la ahora consejera presidenta del organismo y una copa de champán.

Mientras millones de mexicanos trabajan para llegar a fin de mes, algunos personajes cercanos a las instituciones públicas parecen haber descubierto que la austeridad tiene excepciones geográficas. Al parecer, no aplica en territorio francés.

El escándalo, es que los intereses privados hayan encontrado una mesa privilegiada dentro de la institución encargada de garantizar nuestra democracia. Durante décadas, México construyó, entre conflictos, reformas y enormes inversiones públicas, una institución electoral cuya principal fortaleza debía ser la confianza. El INE no es cualquier dependencia.

Hay otro elemento extraordinariamente interesante en este episodio. Los videos.
¿Quién conservó esas imágenes? ¿Quién tuvo acceso a ellos? ¿Por qué aparecen precisamente ahora? ¿Se trata de una filtración desde las propias instituciones o de una confrontación política?

No lo sabemos y sería irresponsable adjudicar su origen.

Pero tampoco podemos ignorar una realidad histórica de nuestra política: La información comprometedora también se ha utilizado como instrumento de negociación, presión y disputa por el poder.

¿A quién beneficia políticamente la caída de Guadalupe Taddei? El verdadero beneficio podría estar entre quienes participen en las decisiones que vienen.

Claudia Sheinbaum enfrenta aquí una prueba política e institucional, ha respaldado la salida de Taddei y solicitado que continúen las investigaciones. Es una posición relevante.

La congruencia no se demuestra castigando adversarios. Se demuestra aplicando las mismas reglas cuando los cuestionamientos alcanzan a los cercanos.

La mayoría legislativa oficialista respaldó en 2024 mayores facultades administrativas para la presidencia del INE. Hoy, ante este escándalo, corresponde revisar si esa concentración de atribuciones debilitó controles internos y mecanismos de vigilancia.

Seria ironía formidable que quienes defendieron la concentración de facultades terminaran descubriendo, después de una crisis, las virtudes de los contrapesos. Nunca es tarde para aprender.

¿Y la oposición? Sería demasiado cómodo convertir este episodio en un argumento para que la oposición se declare moralmente superior.

La credibilidad del sistema no puede reconstruirse sustituyendo una influencia partidista por otra, ni convirtiendo las investigaciones en un espectáculo de revancha política.

Que ironía, una copa de champán puede durar unos minutos, un video unos segundos, una renuncia se anuncia una tarde, pero, reconstruir la confianza pública puede tomar años.

Estamos a las puertas de un nuevo proceso electoral, con disputas políticas cada vez más intensas y una ciudadanía que necesita certezas sobre las reglas democráticas, cuando el árbitro erosiona la confianza, cualquier resultado electoral queda expuesto a mayores cuestionamientos.

Y ese costo no lo paga solamente Morena, lo paga todo el sistema político, la ciudadanía y lo paga México.

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