Rafael Flores
El pasado 23 de septiembre, Maricarmen, una mujer octogenaria con discapacidad, fue desalojada del inmueble donde vivió durante 70 años. Este hecho volvió a poner en el centro de la discusión pública un malestar que no solo vive España sino todo el mundo, incluyendo México.
Nos hace preguntarnos: ¿Una vivienda es un derecho o un privilegio? ¿La vivienda es un derecho humano o una mercancía susceptible de especulación? ¿Se debe gravar la riqueza inmobiliaria con mayores impuestos? ¿podemos limitar el número de viviendas que una persona puede adquirir?
Y es que durante mucho tiempo nos dijeron que comprar una casa era parte natural de la vida: estudiar, conseguir trabajo, casarse, tener hijos, comprar un coche y, algún día, tener una vivienda propia.
El problema es que para muchas personas ese camino es inalcanzable. Los precios de las casas han subido mucho más rápido que los ingresos de buena parte de la población, y tener un lugar propio comienza a sentirse como un lujo, no como una meta razonable, que además altera el proyecto de vida de las personas.
Y aquí hay algo que me parece importante: no todo se resuelve construyendo más casas. De poco sirve que existan miles de viviendas si están lejos de los centros de trabajo, si requieren horas de traslado o si una familia tiene que destinar una parte exagerada de sus ingresos para poder pagarlas.
El caso de Países Bajos, por ejemplo, donde desde 2022 se obliga a los compradores de vivienda a residir en ella durante al menos cuatro años antes de poder alquilarla, intentando así poner freno a la especulación de grandes inversores.
Por eso creo que hablar de vivienda es hablar también de salarios, empleo, transporte, ciudades y oportunidades y eso es hablar de un verdadero Derecho a la Vivienda.
Tener un techo no debería convertirse en el premio reservado para quienes tuvieron la suerte de comprar antes o tuvieron acceso a un patrimonio familiar suficiente.
Una sociedad que funciona debería permitir que trabajar, planear una familia y vivir dignamente no sean cosas incompatibles.

















