Entre la inversión y la huella ambiental: el costo de los centros de datos

Rubén Delgado

Rubén Delgado

Cuando guardamos una fotografía en “la nube” o hacemos una pregunta a una inteligencia artificial, parece que la información viaja hacia un lugar invisible. En realidad, llega a centros de datos: grandes instalaciones llenas de servidores que almacenan información y realizan millones de operaciones digitales.

Estos equipos funcionan día y noche, consumen electricidad y producen calor. Para evitar que se dañen, necesitan sistemas de refrigeración. Algunos emplean aire; otros utilizan agua en torres de enfriamiento, donde una parte se evapora para retirar el calor. Por eso, la huella ambiental de un centro de datos depende de su tamaño, ubicación, tecnología y fuente de energía. No sería correcto atribuir el mismo consumo de agua a todas las instalaciones.

La expansión de la inteligencia artificial está aumentando estas necesidades. La Agencia Internacional de Energía advierte que esta tecnología será uno de los principales impulsores del crecimiento de la demanda eléctrica de los centros de datos durante los próximos años. Al mismo tiempo, la IA también puede ayudar a administrar mejor las redes eléctricas y mejorar su eficiencia; por ello, su impacto no es únicamente negativo, pero sí requiere planeación.

Un ejemplo reciente se encuentra en Aragón, España. Esta región espera recibir más de 60 mil millones de euros en inversiones para centros de datos e infraestructura digital durante la próxima década. Su disponibilidad de terreno y energía renovable resulta atractiva, pero el crecimiento ha generado cuestionamientos sobre el agua, la capacidad de la red eléctrica y la rapidez con la que se autorizan los proyectos. La cantidad anunciada representa inversión prevista: no significa que todas las instalaciones estén construidas ni que necesariamente vayan a concretarse.

México también busca ampliar esta infraestructura. En 2025, el Gobierno federal anunció un complejo de seis centros de datos en Querétaro, con una inversión proyectada de 4,800 millones de dólares y una capacidad eléctrica prevista de hasta 900 megawatts para operar sus equipos informáticos. La empresa promotora afirmó que empleará refrigeración sin agua. El proyecto muestra tanto las oportunidades económicas como la magnitud de la infraestructura eléctrica necesaria. Esos 900 megawatts representan la capacidad planeada del complejo, no su consumo actual.

Los centros de datos pueden atraer inversión, fortalecer los servicios digitales y crear empleos especializados. Sin embargo, sus beneficios deben compararse con los recursos que requieren. Antes de aprobarlos, las autoridades deberían informar de dónde provendrán la electricidad y el agua, qué presión ejercerán sobre las redes locales, cuántos empleos permanentes generarán y qué medidas reducirán su impacto ambiental.

Como usuarios también podemos exigir mayor transparencia, aunque no exista una cifra sencilla que indique cuánta agua consume cada consulta. La responsabilidad principal corresponde a las empresas y autoridades que deciden cómo, dónde y con qué energía operará esta infraestructura.

Para reflexionar: Cada respuesta de una inteligencia artificial parece instantánea e intangible, pero detrás existen edificios, cables, servidores y sistemas de enfriamiento. Si queremos aprovechar sus beneficios, también debemos preguntar qué recursos utiliza la nube y qué reciben a cambio las comunidades que la sostienen.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Al momento

#LoMásViral