A finales de la década de los 70 fue común escuchar el termino porro; se trata de elementos que integraban los grupos de choque que tuvieron su origen y objetivo para desestabilizar instituciones de Educación Superior, entre otras, la UNAM y el IPN.
Dichos grupos, los conformaban fósiles (personas con matrícula de inscripción universitaria, pero que
nunca pasan de año), que realizaban actos de vandalismo, asalto, extorsión económica y golpizas sistemáticas.
La misión de los grupos de choque consistía en desprestigiar a las instituciones educativas.
Los porros o fósiles (pseudoestudiantes), se amparaban por estar inscritos en una institución educativa.
Les caracterizaban conductas violentas y agresivas; además, secuestraban camiones del transporte público, para presionar sus demandas.
A propósito del concepto “grupos de choque”, llamó la atención que a inicio de la semana recién concluida, en uno de los foros de rendición de cuentas, en uno de los espacios dedicados por
el Ejecutivo estatal para informar al pueblo, un representante de un medio de comunicación cuestionó a autoridades locales, si el otorgamiento de 158 concesiones de servicio de transporte público en la modalidad de taxi, hayan sido entregadas a grupos de choque; es decir, si aquellos integrantes de grupos de choque (inconformes de quienes se opusieron al
segundo piso), son los nuevos concesionarios beneficiados con dicha prerrogativa.
Evidentemente, la sociedad civil cada vez debe ser partícipe en las decisiones gubernamentales, justamente ese es el rol que debe cumplir.
A diferencia de una sociedad pasiva, se debe cuestionar y ser vigilante o fungir como contralor social contra excesos de
gobernantes.
Por su parte, es de considerarse que un periodista/reportero debiera replantearse o
reinventarse en el ejercicio profesional de periodismo.
Su compromiso es investigar sobre hechos que estén sucediendo y que tengan relación directa con los temas tratados.
Ante tales acontecimientos se presenta una coyuntura al ejercicio del periodismo para dignificar el ejercicio de la profesión, con la que prevalezca la ética periodística por la
búsqueda de la verdad documentada, con documentación que obtenga un conocimiento profundo.
Si bien, la naturaleza de las concesiones en México siempre se han definido por ser actos
discrecionales de los titulares del Poder Ejecutivo, también lo es que la transformación de la vida pública del país ha dado un paso innegable, que consiste en establecer mecanismos para democratizar la entrega de concesiones democráticamente.
No se puede ocultar que en el pasado se otorgaban a personas cercanas al titular del Ejecutivo; hoy el proceso democrático
ha beneficiado a trabajadores del volante.


















