LA TRAGEDIA NO PUEDE SEGUIR SIENDO UNA ESTRATEGIA POLÍTICA

Editorial Alkimia

En Alkimia no podemos negar la realidad, pero, tampoco contribuir a una conversación pública donde la emoción, la especulación y los intereses políticos terminan sustituyendo a los hechos.

El reciente episodio de violencia en Zacatecas es innegablemente grave y exige investigación, justicia y respuestas institucionales.

Al mismo tiempo, también ha dado pie a una avalancha de versiones, juicios y narrativas que muchas veces rebasan lo que realmente se conoce.

Los acontecimientos ocurridos este fin de semana, estremecieron a toda la sociedad; no hay forma responsable de minimizar la gravedad de los hechos.

Hacerlo, sería una falta de respeto para las víctimas, para sus familias y para la ciudadanía, pero existe otro fenómeno igual de preocupante: la facilidad con la que una tragedia se convierte en materia prima para la especulación, la confrontación política y la desinformación.

En cuestión de minutos aparecen quienes buscan responsabilizar al adversario político, quienes aprovechan el momento para destruir la imagen del estado, quienes convierten el dolor colectivo en una oportunidad para ganar posiciones políticas o aumentar audiencias.

Ahí es donde la sociedad comienza a perder nuevamente.

La consecuencia es enorme: no solamente se afecta al gobierno en turno, se afecta la confianza de los inversionistas, se afecta al turismo, las oportunidades para los jóvenes, la competitividad del estado, la imagen de millones de zacatecanos que todos los días trabajan honestamente para sacar adelante a sus familias.

Se convierte la tragedia, en un instrumento permanente de confrontación.

El gobierno culpa a las administraciones anteriores, la oposición al gobierno actual, los aspirantes prometen que ahora si resolverán el problema y cuando llegan al poder, descubren la enorme complejidad de un fenómeno que ningún partido político, ninguna ideología y ningún gobierno ha conseguido erradicar de manera definitiva.

Por eso, resulta muy preocupante que la discusión pública siga atrapada en la lógica del beneficio político, cuando la solución exige visión de estado, continuidad institucional, coordinación entre todos los niveles de gobierno y sociedad.

El verdadero fracaso es seguir utilizando estos hechos como combustible para la polarización, mientras soluciones estructurales continúan esperando.

Zacatecas merece ya un debate mucho más maduro.

Un debate donde reconocer avances no signifique ignorar los problemas, donde señalar errores no implique descalificar lo construido, donde la crítica tenga como propósito corregir y no únicamente destruir, y donde la política deje de encontrar rentabilidad en el miedo de los ciudadanos.

Como sociedad también debemos elevar nuestro nivel de exigencia, exigir resultados. SÍ, exigir transparencia, por supuesto, pero también, exigir responsabilidad a quienes hacen política, “comunican” y a quienes aspiran gobernar.

Al final, los gobiernos cambian, los partidos cambian, los candidatos cambian, pero quienes permanecemos aquí, somos los zacatecanos y cada vez que permitimos que el nombre de Zacatecas sea utilizado como un trofeo en la confrontación política, no pierde un gobierno, ni un político, perdemos todos.

Defendamos la reputación de un estado que merece ser reconocido por el talento, el trabajo y la dignidad de su gente y no únicamente por las tragedias que algunos convierten, una y otra vez, en su principal estrategia política.

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