Hoy, Jalisco vuelve a ser epicentro de la conversación nacional. La noticia sobre la presunta muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho” líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, no es solo un hecho delictivo. Es un espejo. Un espejo incómodo, porque más allá del personaje, del morbo mediático y del ruido digital, hay una pregunta que debemos hacernos como sociedad: ¿Cómo permitimos o se permitió que el crimen organizado se convirtiera en poder territorial, económico y hasta cultural?
Con la caída de un líder criminal, la historia reciente de México lo demuestra; el vacío se fragmenta, se reconfigura o muta.
La inseguridad no nace en un laboratorio criminal, se alimenta de impunidad, desigualdad, descomposición social y complicidad política.
Hay varias preguntas incómodas:
¿Cuál es la responsabilidad del Estado? Total. No están garantizando la seguridad, el orden y el estado de derecho y es su razón de existir. Tiene que garantizar control territorial inmediato, evitar los vacíos de poder que generen más violencia, transparentar información, proteger a la ciudadanía antes que cuidar la imagen política y coordinación entre Federación, estado y municipios.
La pregunta para la sociedad es: ¿Seguiremos romantizando la figura del narco en series, música o redes? ¿Cuántas veces justificamos “mientras a mí no me afecte? Debemos reconocer que la cultura del “no pasa nada” fue terreno fértil para que pasara todo.
Jalisco no es cualquier estado. Es motor económico, polo tecnológico, destino turístico, referente cultural. Si Jalisco arde, México tiembla. Y por eso, este momento no puede gestionarse como crisis mediática, debe asumirse como crisis estructural.
No basta con operativos reactivos, no basta con conferencias de prensa, no basta con discursos con “firmeza”. Se requiere reconstruir: confianza institucional, inteligencia financiera para desmantelar redes económicas, profesionalización policial real, política social con enfoque preventivo, un pacto social donde la legalidad vuelva a ser aspiracional.
La seguridad no es solo tarea del gobierno, pero sí es su responsabilidad primaria. La sociedad puede y debe exigir cuentas sin partidismos, rechazar la glorificación al crimen, fortalecer redes vecinales y empresariales, apostar por la educación y oportunidades reales. Pero el liderazgo debe de venir de arriba, porque el Estado debe liderar este tipo de crisis.
El crimen organizado no creció por ser más fuerte que el Estado. Creció porque el Estado fue más débil de lo que debía.
México necesita orden. Jalisco necesita firmeza y la ciudadanía necesita certeza.
¿Estamos listos, como país, para recuperar la autoridad del Estado y la dignidad de la ley?
Porque si no lo hacemos ahora, el siguiente nombre será distinto, pero la historia será la misma.


















