Cuando la autoridad se hace de la vista gorda

Dicen que, después del niño ahogado tapan el pozo. Qué lamentable que los refranes populares no nos hagan conscientes de lo que sucede y que nos debería enseñar que por algo se inventaron.

Por mucho que se diga que los operativos de prevención son permanentes, si así fuera, no ocurrirían desgracias como la sucedida en Hermosillo, Sonora, en la que fallecieron 23 personas y una docena resultó lesionada e intoxicada, tras una explosión y posterior incendio.

Resulta inconcebible cómo es que la clientela no pudo salir a tiempo y quedó atrapada, si se supone que este tipo de tiendas tienen bien señalizadas las rutas de evacuación y cuentan con los protocolos de seguridad, incluso de brigadas de auxilio integradas por los empleados que, ante cualquier contingencia, están informados, preparados para actuar y salvaguardar la integridad de los clientes y trabajadores.

Todo eso se supone, pero hemos visto que no.

Hace casi un año, el 14 de noviembre del 2024, la tienda Waldo’s ubicada en la zona conurbada Zacatecas-Guadalupe, también se incendió. Aunque hubo afectaciones mayores, por fortuna aquí no hubo pérdidas humanas que lamentar, ya que el fuego comenzó antes de que llegaran los trabajadores y se abriera la tienda.

¿Será que esta marca no solo no tiene protocolos definidos de actuación ante contingencias, sino que han sido construidas bajo los mismos parámetros de riesgo sin que autoridad alguna supervise y autorice su operación bajo estrictas medidas de seguridad?

Hoy, todas las tiendas que opera en Hermosillo, Sonora, han sido cerradas para que las autoridades revisen dichos protocolos e instalaciones, a fin de asegurarse de tapar el pozo antes de que otro niño muera ahogado.

¿Será que, en Zacatecas, se pueda aplicar ese otro refrán de que cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar? Ojalá esta historia no esté condenada a repetirse.


Desde que inició este ciclo escolar en la UAZ, al menos la Unidad Académica de Agronomía estuvo en paro. Docentes exigían cargas laborales por antigüedad y reprochaban presiones y hostigamiento. Luego, alumnos exigieron clases y que los problemas de los docentes no les afectaran en el presente ciclo escolar.

A un mes de que termine el semestre, los paros en diversas unidades académicas de la máxima casa de estudios continúa debido a la falta de transparencia en la asignación de cargas de trabajo y la decisión unilateral para favorecer a unos cuantos, lo que ha afectado sobremanera a la comunidad universitaria.

Estas decisiones administrativas fueron tomadas en el anterior periodo del exrector Rubén Ibarra, lapso en el que el actual rector Ángel Román fue secretario general.

Cuando las autoridades se hacen de la vista gorda…

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